Artículo escrito por Sadgurú Sri Madhusudan Sai: CUIDAR LA MENTE AL ESTILO DEL SANATANA DHARMA

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CUIDAR LA MENTE AL ESTILO DEL SANATANA DHARMA
Por Sadgurú Sri Madhusudan Sai

 

मन एव मनुष्याणाां कारणां बन्ध मोक्षयोोः – mana eva manuṣyānām kāranam bandha mokṣayoḥ, dice el amṛtabindu upaniṣad. Esto significa que la mente es la razón tanto de la esclavitud como de la liberación. Puede compararse a una llave que al ser girada hacia la derecha abre la puerta, mientras que al girarla hacia la izquierda, la traba.

Después del aislamiento del COVID, el problema de la salud mental ha recrudecido de modo mucho más significativo que nunca antes. Este es uno de esos problemas que siempre se han barrido bajo la alfombra y durante mucho tiempo han constituido un estigma social. La mayor parte de las personas que sufren de problemas de salud mental viven en la negación, por temor a ser estigmatizadas. Esto ha conducido a que mucha gente viva atravesando tremendos sufrimientos y aun cometiendo suicidio para escapar de las aflicciones de su mente. La tercera meta de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas apunta a asegurar una vida sana y promover el bienestar para todos los rangos de edad. Se dice que el número de suidicios por cada cien mil personas constituye un indicador clave. Según el National Crime Records Bureau (Oficina Nacional de Registros Delictivos, de la India) la tasa de suicidios en India llegó a un récord de 12 en 2021, el más elevado para cualquier año desde que los datos se hicieron disponibles en 1967. El récord anterior fue en 2020.

Por lo tanto, no se puede seguir ignorando un obvio problema del cual nadie quiere hablar: el problema de la salud mental.

La OMS ha definido la saludo como un estado de bienestar en el cual cada individuo puede concretar su potencial, puede enfrentar exitosamente el estrés normal de la vida, puede trabajar productiva y fructuosamente y puede hacer una contribución a su comunidad. Por lo tanto, la medida más importante de la salud mental depende de que cada persona concrete su potencial y lo utilice para el bienestar de la comunidad.
Tratemos de comprender el enfoque del sanātana dharma para tratar con la mente, analizando la estructura de nuestra mente. De acuerdo con el pensamiento de la India, la mente tiene cuatro componentes: manas, buddhi, cittā y ahaṅkāra. Manas es la colección de todos nuestros pensamientos, incluyendo los buenos, los malos y los feos. Buddhi es la facultad de analizar y tomar decisiones. Cittā es el depósito de todos nuestros recuerdos, incluyendo los recuerdos de nuestras vidas previas. Ahaṅkāra es la identidad del “yo”, que nos ayuda a definirnos. Por ejemplo, si en la infancia fuimos mordidos por un perro, retenemos el doloroso recuerdo en el cittā, de modo que en la siguiente ocasión en que vemos un perro en nuestro camino, los ojos que lo ven informan al manas, el cual utiliza el buddhi para reconocerlo como un perro callejero.
Entonces, el buddhi consulta al cittā, el cual trae a la memoria la mala experiencia que tuvo en el pasado con un perro, y en consecuencia, el buddhi decide tomar otro camino para evitar al perro. La decisión es transmitida al manas, el cual ordena a las piernas que caminen en otra dirección, alejándose del perro. El “yo” individual que pasa por este proceso es el ahaṅkāra, la identificación que la persona tiene acerca de sí misma: un hombre o una mujer, con un nombre, una edad, una educación, etc., específicas.

Un problema de salud mental, como por ejemplo la ansiedad, es un estado en el cual el manas está completamente obnubilado e incapaz de utilizar el buddhi para que consulte al cittā y así poder emprender la acción correcta. En este caso, el cittā podría estar lleno de experiencias negativas acerca de una situación en particular, en tal medida que el buddhi es incapaz de dar un consejo adecuado. En consecuencia, se llega a un proceso fallido en la toma de decisiones, influenciado por una baja autoestima —un bajo nivel de ahaṅkāra— por el que nos sentimos sin valor alguno, avergonzados de seguir con vida. La suma de tantos pensamientos y emociones negativos arrastra a la persona a desvalorizarse por completo y recurrir al daño autoinfligido como una estrategia de escape. Sin embargo, la ley de la naturaleza es que nuestros karmās —los resultados de nuestras acciones— siguen viniendo con nosotros, y no hay un verdadero escape hasta que los hayamos procesado en el aquí y ahora.

En un mundo movido por la idea de “progresar o perecer”, la mayoría, especialmente los adolescentes, soportan enormes presiones para ser exitosos y tener buena posición, buenos empleos y sobre todo, adquirir bolsillos bien provistos. Nuestro sistema educativo, nuestras estrategias para la crianza de los hijos y la influencia de los medios, han definido el éxito de un modo sumamente estrecho. La mayoría de las sociedades definen el éxito solo en términos monetarios y, en consecuencia, todo lo que no puede ser sustancialmente monetizado se considera un fracaso. Una persona puede ser un poeta de talento, un buen dramaturgo, un orador elocuente o un cantante conmovedor, pero si no gana mucho dinero se la considera fracasada, a ojos de mucha gente. Este tipo de presión social sostenida, que conoce una sola vara de medida, debe ser refutada. Tenemos que reconocer el hecho de que somos diferentes seres humanos con diferentes mentalidades —saṃskāras o vasanas que han sido formados a lo largo de numerosas vidas— y, en consecuencia, cada persona es singular. Una crisis de identidad es un fenómeno bien conocido entre los adolescentes mientras se esfuerzan por comprenderse a sí mismos en relación con los demás, proceso en el cual pueden verse obligados a pensar, decir o hacer de un modo que no es aquel en el que creen; esto conduce a la ansiedad y a la depresión.

Lamentablemente, la ciencia moderna no reconoce las ideas del sanātana dharma, que hablan del renacimiento, la teoría del karmā, y cómo nuestra mente es más vieja que nuestro cuerpo, al ser transportada vida tras vida. Esto ha conducido a la falta de aceptación, la desarmonía y la inquietud en la sociedad. En la vida cotidiana podemos ver niños dotados con ciertos talentos que demuestran desde sus primeros años, y los llamamos “niños prodigio”. ¿Cómo ocurre esto? El niño es esa “alma” que lleva diversas inclinaciones provenientes de nacimientos previos. En muchas partes de India y de Asia se celebra un ritual cuando el niño cumple un año de edad: se le presentan al niño diversos objetos, tales como libros, juguetes, alimentos, dinero, etc., y los mayores observan para ver hacia cuál de esos objetos resulta atraído naturalmente el niño. Esto les ayuda a comprender la disposición natural o saṃskāra de ese niño. Esta es una manera muy confiable de comprender al niño, ya que aún no está influenciado por las normas o las expectativas de la sociedad y, por lo tanto, actúa según su “yo” natural.

La juventud de hoy está luchando contra muchos problemas mentales, al no estar haciendo lo que realmente disfrutan; terminan en empleos que solo les hacen ganar más dinero. Ganarse la vida es importante, y esta mentalidad, proveniente de las generaciones que vieron la era colonial, las guerras mundiales y otros desastres, era entonces razonable, porque ellos estuvieron obligados a priorizar la supervivencia por encima de todo. Sin embargo, hoy la juventud tiene la bendición de vivir en una sociedad segura, por lo cual necesitan elevarse por encima de las necesidades básicas en el gráfico de Maslow, y apuntar a concretarse a sí mismos. Debemos proporcionarles la oportunidad de pensar, de hablar y de actuar según su propios pensamientos. De lo contrario, la sofocación que nace de la falta de libertad y de expresión los convertirá en rebeldes iracundos o en depresivos suicidas. Ninguna de estas alternativas es signo de una sociedad sana.

El sanātana dharma enseña la suprema verdad acerca de nuestra verdadera identidad. Tener fe en su propia identidad, y experimentarla, alivia a la persona de la crisis de identidad. Esto se logra enseñando a la mente cómo identificarse con su fuente: el núcleo interior, nuestro propio Yo Mismo Divino. Cuidemos nuestra mente a la manera del sanātana dharma, porque esta es la única solución permanente para vivir como seres humanos armoniosos, que pueden construir sociedades armoniosas.

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