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India y la religión: la oportunidad en la inseparabilidad
- Sadguru Sri Madhusudan Sai
Originado en el término «hindú», una pronunciación persa distorsionada de la palabra Sindhu, esta tierra era conocida como Hindustan, que es la India moderna de hoy.
La historia más temprana de la civilización del valle del Indo, desenterrada en Harappa y Mohenjo-Daro, se remonta solo al 2500 a. C. Sin embargo, las escrituras indias como el Ramayana y el Mahabharata, también llamadas itihāsa (o historia), apuntan a tiempos mucho más antiguos. Por ejemplo, el Ramayana ocurrió entre el 7000 y el 8000 a. C., y el Mahabharata alrededor del 3000 a. C. Por lo tanto, la historia moderna nos deja solo con la posibilidad de que esta civilización podría haber sido aun más antigua.
La historia registra esta civilización principalmente en el valle del Indo, basada en el río Indo (río Sindhu), ahora en Pakistán, pero los textos védicos mencionan otro río, el Saraswati, que era el más poderoso y, por lo tanto, la cuna de esta civilización. Este río parece haberse secado, aunque una vez fluyó desde los Himalayas hacia las llanuras occidentales, entre los ríos Sindhu y Yamuna. Se están haciendo algunos esfuerzos para rastrearlo y revivirlo. Por lo tanto, este río védico Saraswati debe referirse a un tiempo muy anterior a la civilización del valle del Indo y, por ende, se sugiere que la terminología más apropiada podría ser la civilización Indus-Saraswati.
Las Escrituras indias, entre las cuales las más antiguas son los Vedas, compuestos por alrededor de 400 rishis, de los cuales 25 eran mujeres, son principalmente una colección de mantras recibidos por ellos durante su meditación en el Uno Mismo superior. Estos mantras se transmitieron verbalmente durante miles de años, hasta que finalmente fueron escritos entre el 1500 y el 500 a. C. Otros textos relacionados con las Escrituras indias son los Upanishads (más orientados a verdades filosóficas), los purāna (mitología), los itihāsa (historia) y otros śāstras (libros de leyes) sobre diversos aspectos de la vida y el cotidiano vivir.
La mayoría fueron escritos en forma de textos entre el 500 a. C. y el 600 d. C., probablemente durante la dinastía Gupta, en la época de la universidad de Takshashila-Nalanda.
Ninguno de estos textos menciona la palabra hindú, en ninguna parte. Por lo tanto, la asociación de los indios con el hinduismo como religión es más una forma moderna de referirse a la población que a una perspectiva religiosa. El término más apropiado para describir las ideas religiosas de los antiguos indios, que encontraron su base en estas escrituras, sería el «Sanatana Dharma»; sanātana significa eterno y dharma significa deber. En gran medida, las religiones son, por lo tanto, los aspectos ritualísticos del vivir, que es categorizar a la gente según ciertas creencias y sus seguidores. Pero el Sanatana Dharma se funda en el principio de la Divinidad como lo sin atributos y omnipresente, capaz de manifestarse simultáneamente como el Uno con atributos y como Lo Supremo. Esto se propugna en gran medida en los Upanishads como un pensamiento vedántico por el cual todas las búsquedas en la vida son para alcanzar este descubrimiento, el de que toda vida es divina, y un individuo no es más que una chispa de la Divinidad Suprema: išā vāsyamidam sarvam. Las otras ideas de religión son derivadas, no originales. Por lo tanto, el hinduismo, con todas sus ideologías, es conocido hoy como un derivado del Sanatana Dharma, al igual que el budismo, el jainismo o el sijismo.
La idea del hinduísmo como grupo religioso permaneció indefinida durante mucho tiempo. Estaba vagamente asociada con este grupo de seres que residían al este del río Sindhu y que seguían un cierto estilo de vida que incluía adorar a Dios como una forma, en un ídolo, y realizar diversos rituales utilizando el fuego. El «ismo» se pegó a la palabra hindú, a medida que otras religiones organizadas, como el cristianismo y el islam, echaron raíces en el Medio Oriente y se extendieron más allá de sus costas hacia el Asia.
El período védico del 2500 al 500 a. C., en el que el Sanatana Dharma se fundó en las verdades védicas y la filosofía vedántica, con el tiempo dio paso al budismo con la aparición de Gautam Buddha, y continuó floreciendo en el este y el norte de la península india. Paradójicamente, aunque Buddha no fundó una religión per se, los seguidores de Buddha la fueron estructurando como una religión organizada. El Sanatana Dharma no tuvo el privilegio de un líder singular como Buddha, y su interpretación, así como su aceptación, fue más supeditada a cada individuo, aunque había brahmanes, la casta intelectual, cuya responsabilidad era preservarlo y promoverlo. Lamentablemente, el malentendido del sistema de castas y su astuta malinterpretación llevaron a mucho caos, dejando a una gran parte de la población india insatisfecha con un tratamiento inferior. Quizás el auge del budismo fue un nuevo aliento de vida para la idea de religión. El deseo de asociarse con alguien o algo fue como una liberación de las tradiciones milenarias, que en la mente de la gente se habían perdido y se veían como una carga, y sobre todo hubo satisfacción para la élite de la sociedad a costa de los oprimidos.
Mientras el budismo se extendía en el este y el norte, el cristianismo, que comenzó con la crucifixión de Jesús, fue más una necesidad política para unir a las masas contra la anarquía de Roma. La emotiva historia de sacrificio e injusticia hacia un compatriota judío fue una narrativa sólida para atraer a muchos a este lado, y la necesidad de organizarlos como un grupo religioso fue imperiosa. Así surgió el cristianismo con su epicentro en Roma, aunque sus orígenes estaban en Jerusalén. La expansión del cristianismo en la India ocurrió con la llegada de los españoles y portugueses en el 300 d. C. por el lado sur, por lo cual permaneció sin ser obstaculizada por las fuerzas budistas en el noreste.
A esa altura ya había Escrituras documentadas del Sanatana Dharma, gracias a la primera universidad global en Takshashila, patrocinada por los reyes Gupta. Pero sus seguidores estaban mayormente confinados a las llanuras occidentales.
Había quienes querían abrazar el budismo, principalmente en el noreste, y así entonces también había budistas. Y unos pocos en el sur habían adoptado lentamente la historia cristiana, y tras la cortina de humo del comercio hubo una sutil expansión del cristianismo.
Al auge y la expansión del budismo en la India se contrapuso un santo intelectual del sur, quien se llamaba a sí mismo «Dravida Shishu», un hijo del sur. Él se dedicó a restablecer los principios del Sanatana Dharma con la nueva y refrescante perspectiva del advaita vedānta. En realidad, era la filosofía vedántica que ya existía, pero no disfrutaba de mucha atención debido a su complejidad y dificultad de comprensión por parte del hombre común, que aún estaba tambaleándose bajo la carga del sistema de castas, una burda utilización de las Escrituras indias en beneficio de los ricos y poderosos. Adi Sankaracharya tuvo que vencer en debatea los proponentes de otras escuelas de filosofía india. Eso fue alrededor del 800 d. C., cuando el cristianismo ya había echado raíces, mientras florecía el budismo.
Mientras tanto, el profeta Mahoma (la paz sea con él), quien emergió en la escena alrededor del 630 d. C., estaba geográficamente más cerca de la civilización india. Sus seguidores conquistaron y expandieron agresivamente sus ideas religiosas en la península india, incluso por la fuerza; pero, como entraban desde el oeste atravesando el río Sindhu, el mayor daño se hizo a los edificios y seguidores del Sanatana Dharma, dejando al budismo y al cristianismo menos vulnerables.
La llegada de los gobernantes mogoles alrededor del 1200 d. C. causó más daño al Sanatana Dharma, que perdió muchas de sus Escrituras, proponentes y monumentos. El sijismo emergió como una respuesta a las conversiones islámicas por la fuerza a punta de espada, y así los seguidores del Sanatana Dharma fueron redistribuidos por este nuevo pensamiento, el de una religión que promovía la idea sij de santos-soldados.
Entonces, ¿todo fue borrado instantáneamente?
No. La idea de la espiritualidad india sobrevivió, principalmente gracias a que una gran parte de la población india aún creía en dioses y Escrituras, especialmente las de los relatos históricos del Ramayana y el Mahabharata. Los seguidores de Shiva, Vishnu y Shakti, que derivaban mayormente su inspiración de los puranas, también estaban allí para mantener ondeando en alto la bandera de la espiritualidad india. Así, el Sanatana Dharma encontró muchas corrientes de seguidores basadas en Dios o en el gurú, a los cuales la gente elegía adorar. No obstante, los indios estaban en gran medida integrados con el pensamiento común de la adoración de ídolos, que entonces era sometido a prueba por el embate de invasiones extranjeras desde todos lados.
Entre los siglos XIII y XVI, casi al mismo tiempo que las invasiones y conquistas musulmanas, el movimiento bhakti iniciado por Ramanujacharya, Madhavacharya, Nayanars y Alwars en el sur, Tulasidas, Ravidas, Kabir y similares en el norte, Chaitanya Mahaprabhu en el este y varios santos como Swaminarayan, Purandaradasa, Naamdev, Jananadev y similares en el oeste, fortalecieron la idea de la devoción, que era en cierto modo un enfoque dualista y, por lo tanto, una desviación de la filosofía del advaita, el monismo de Shankaracharya. Sin embargo, al servir para simplificar la espiritualidad, pasando de filosofías intelectuales complicadas a un culto ritualístico y simplista de Dios o Diosa de elección propia, sirvió bien para mantener encendida la llama del Sanatana Dharma, rebautizada entonces como «hinduismo» por los invasores y saqueadores.
El amanecer del siglo XVIII presenció a los británicos, que llegaron con su propia agenda de difundir el cristianismo para ganar la lealtad de las masas y, así, la idea del Sanatana Dharma, que ya había sido reducida al hinduismo, sufrió un mayor deterioro.
La religión para los invasores extranjeros era más un medio para ganar la lealtad y la obediencia de los locales que para mostrarles el camino de la redención. Por lo tanto, los medios y maneras adoptados para difundir la religión eran los mismos destinados a la colonización: «divide para gobernar».
La mayor población de seguidores religiosos distintos a los hindúes eran entonces en la India los musulmanes, y para los británicos, mantener a ambos divididos y guerreando era la única forma de sobrevivir a los múltiples movimientos de libertad que estaban surgiendo en todo el país del país. Para añadir a sus dificultades, las guerras mundiales habían dejado al imperio de la reina muy debilitado.
La única otra gran figura espiritual que intentó revivir el Sanatana Dharma a través del pensamiento vedántico, casi un milenio después de Sankaracharya, fue Swami Vivekananda. A finales del siglo XIX, él asumió la responsabilidad de difundir la idea del hinduismo, que se basaba en el pensamiento vedántico del Sanatana Dharma, dando menor importancia al culto ritualístico que había dominado las ideas religiosas hindúes hasta entonces.
Sin importar cómo los historiadores miraran el hinduismo, se hicieron esfuerzos por parte de líderes modernos para definir a los hindúes como un grupo más grande, que suscribía la idea mayor de una nación, no solo una religión. Desde la idea de V. D. Savarkar, quien en la década de 1920 propuso que los hindúes debían ser aquellos que creyeran que la India era su «pitrubhoomi», la tierra de sus antepasados por virtud de haber nacido de ellos, y más importante aún, su «punya bhoomi», la tierra santa. La idea de la «tierra de los antepasados» era fácilmente aceptable por todos, independientemente de que fueran cristianos, musulmanes, jainistas, budistas o sijs, ya que eran originalmente indios que se convirtieron a diferentes religiones, ya sea por elección o por las compulsiones de la vida. Sin embargo, aceptar a la India como su tierra santa era difícil para otras creencias religiosas. La política de “bancos de votos” utulizó para su propia ventaja aquellas divisiones religiosas.
Finalmente, con la independencia india, el Estado Indio fue una república y, además, secular. Otorgó a cada individuo la elección de sus creencias religiosas, mientras aseguraba que todas las religiones encontraran respeto, y en esta tierra sagrada se practicó la tolerancia religiosa.
En las décadas que siguieron, con un mayor enfoque en el desarrollo económico a través de una educación secular y social, las enseñanzas religiosas fueron relegadas a escuelas religiosas y centros basados en la fe. El país que se basaba mayormente en ideologías religiosas, se centró fuertemente en torno a la prosperidad económica, y lamentablemente se expulsaron del sistema educativo secular los estudios religiosos.
Décadas después, el fervor religioso en las masas está recuperando su lugar original y ocupa una buena parte de las mentes, a pesar de las ideas competidoras de la política y el progreso económico. Sin embargo, esta vez debemos debemos hacerlo de la manera correcta. Debe hacerse funcionar la verdadera idea de la India, la de la integración y el progreso mutuo a través de la aceptación de todos y el rechazo de ninguno, asegurándose al mismo tiempo que no haya extremos ni excesos en el sistema. Se debe presentar a la nueva generación un esfuerzo concertado de todos los sectores de la sociedad, para que el el renacimiento religioso conduzca a la justicia social y a igualdad de oportunidades.
La religión en la India no debe ser el opio de las masas, ni debe ser usada como chivo expiatorio en el altar de las ideologías políticas, sino que debe reclamar su propósito original, el de unir a todos como una sola familia global, con la aceptación —no meramente la tolerancia— como virtud. Trabajemos para construir una nación que se alce como el ejemplo ideal de una armoniosa combinación de todas las religiones, sintetizadas como la ideología nacional de vasudhaiva kutumbakam: «un mundo, una familia».
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